Mieles con pasaporte

Animadas por los rayos del sol, ciertas abejas salen de sus cajas y rompen el silencio con su zumbido. “Mi padre me llevaba a las colmenas desde el momento en que tengo empleo de razón”, recuerda Iván del Río en un campo de encinas en las afueras de la capital española. Este apicultor salamantino de treinta y ocho años cuenta que dos mil dieciocho fue durísimo para los productores españoles, alejados por la entrada masiva de miel extranjera a coste de baratija. No obstante, ha acabado con una nota positiva: el Ministerio de Agricultura ha accedido a alterar el etiquetado a fin de que sea obligatorio señalar el país de origen de la miel. “Es una reivindicación histórica del sector”, exclama Del Río, que como otros muchos apicultores espera que el mercado se recupere con esta medida.

La presente normativa es fruto de una directiva de dos mil uno, y no fuerza a apuntar el país de origen tratándose de una mezcla de mieles beepure. Es suficiente con indicar si son originarias o bien no de la Unión Europea o bien si es una combinación de las dos, sin especificar el porcentaje de cada una. Esto es, podría ser solo un 1 por ciento de España y un noventa y nueve por ciento de otros países. Estas reglas encaran a los grandes envasadores con los productores españoles, quienes lamentan que este etiquetado daña su producto ante contendientes —sobre todo de China— que venden mieles de menor calidad a bajo costo y confunden al consumidor.

El departamento dirigido por Luis Lisas plantea que la nueva etiqueta miente el país o bien los países donde la miel haya sido recogida, en orden decreciente conforme la cantidad, pues las denominaciones hoy día empleadas “no son transparentes” y “no garantizan la protección de los derechos del consumidor”. Hay un par de semanas de plazo para hacer alegaciones desde la publicación del boceto del decreto el pasado veintiuno de diciembre.

“Si es de China que pongan que es de China, y si es de México, que es de México. Después el consumidor elegirá”, resume Antonio Prieto, responsable del campo apícola de la Unión de Pequeños Labradores (UPA). El asimismo miembro de la mayor cooperativa de miel del país, Montemiel, asegura que este año fue imposible competir con los costos del producto importado. “El mercado está fatal”, concluye.

El gigante asiático es el primer exportador de miel cara Europa (unas cien toneladas en dos mil dieciseis). Asimismo España, uno de los primordiales productores de la Unión Europea (treinta y uno toneladas por año), fue invadida el año pasado durante más de diez.000 toneladas de producto proveniente de este país, entre críticas por su baja calidad y siempre y en toda circunstancia rodeado por sospechas de fraude.

Mas China no es la única amenaza: Argentina, Ucrania, México o bien Uruguay están en la lista de los primordiales distribuidores del Viejo Continente, que importa el cuarenta por ciento de la miel que consume. “No es un problea solo de España, es global”, asevera Del Río, quien hace menos de un año decidió montar su envasadora para huir de los avatares de la venta al peso.

Santiago Escribano, vocal del Instituto Oficial de Ingenieros Agrónomos de Centro y Canarias, reconoce que el sistema en la actualidad en vigor puede ser falso, mas recuerda que la lucha se debe librar a otro nivel. “El fallo es intentar competir en el costo cuando habría que competir por la calidad”, lanza.

Los porcentajes de la discordia
La situación es tan frágil que Bruselas ha llegado a estimar la aptitud económica de la apicultura, un campo que supone catorce y doscientos millones de euros por año en la Unión Europea, como un “asunto crítico”. Y ha puesto asimismo el etiquetado en el punto de mira: en un informe de marzo, el Parlamento Europeo apuntó que las reglas actuales “ocultan por completo al consumidor el origen de la miel”, y sugirió que sea obligatorio apuntar los países de procedencia del producto y el peso representado por cada uno de ellos de ellos.

De instante, el boceto presentado por Agricultura no hace referencia a los porcentajes, esenciales para los apicultores y prescindible para los envasadores. «Sería muy complicado y tampoco aportaría gran valor», comenta Rebeca Vázquez, secretaria general de la Asociación De España de Mercaderes y Envasadores de Miel (ASEMIEL-ANIMPA). Vázquez asegura no obstante que la asociación está en favor de que se señalen los países de procedencia de la miel, siempre y en toda circunstancia y cuando el cambio lo impulse la Unión Europea. “No se puede demandar a los envasadores españoles algo que no se solicita a los demás”, explica.

Asimismo José Manuel Delgado, técnico en desarrollo rural en UPA, estima que lo “ideal sería alterar la normativa europea”, mas que por el momento se está demandando una medida nacional de la misma manera que la que tiene Italia o bien la que va a tener la leche en España desde enero. En exactamente la misma línea, la Organización de Usuarios y Usuarios (OCU) y la UPA han lanzado una campaña de recogida de firmas a fin de que Bruselas fuerce a la industria a apuntar con claridad el origen de todos y cada uno de los comestibles. Conforme una encuesta llevada a cabo por la organización, prácticamente 6 de cada diez usuarios consideran fundamental conocer el origen de los comestibles, y estarían prestos a abonar un diez por ciento más para tener esta información.

Del Río cuenta que su familia lleva 5 generaciones generando miel. Cuenta que desea robustecer la distribución de la miel que genera con su marca, la capital de España Miel, y espera que los usuarios se fijen más en la etiqueta con la nueva legislación. “Luego van a decidir libremente: tienen la última palabra”, afirma.